Kodama (Espíritu de los árboles japonés)
ko-DA-ma
老樹に応える・木霊
Los kodama son espíritus que habitan en los árboles, y en ocasiones, el término designa al propio árbol poseído por dicha esencia. Según las creencias antiguas, los árboles centenarios albergaban una presencia divina en sus anillos. De hecho, el eco (yamabiko), ese fenómeno por el cual las voces arrojadas a las montañas o valles regresan con retraso, se interpretaba como la respuesta de un kodama. Su origen se remonta a los ecos de las antiguas deidades arbóreas; en el «Kojiki», al dios de los árboles, Kukunochi, se le suele identificar con los kodama, y en el «Wamyō Ruijushō», un diccionario del período Heian, la deidad del árbol se registra bajo el nombre de «Kotama». Por otro lado, en la «Historia de Genji», menciones como «¿es un demonio, un dios, un zorro o un kodama?» demuestran que ya entonces se les percibía como entidades afines a los yokai. Aunque en apariencia son indistinguibles de los árboles comunes, poseen poderes misteriosos y arrojan maldiciones sobre quienes intentan talarlos sin miramientos. En su obra «Gazu Hyakki Yagyō», Toriyama Sekien los ilustró bajo el título de «木魅» (espíritu del árbol), representándolos como una pareja de ancianos junto a un árbol centenario en el que residía la deidad. La palabra «kodama» amalgama tanto el eco como el espíritu arbóreo, lo que refleja cómo la voz de la naturaleza y el alma de los árboles se han concebido secularmente como una sola entidad.
