ao-andon
Ao-andon de Hyakki Yagyō Shūi, de Toriyama Sekien
Morada / ArtefactoLa literatura del Hyakumonogatari de época Edo y la imagen impresa de Toriyama Sekien en Hyakki Yagyō Shūi
Ao-andon es un yōkai nacido de la unión entre el andón cubierto de papel azul empleado en el Hyakumonogatari y la figura de aspecto extraño que Toriyama Sekien dibujó en sus álbumes de yōkai de la Edad Moderna. El ejemplo conservado más antiguo en que aparece una figura con ese nombre se encuentra en el volumen central, «Niebla», de Hyakki Yagyō Shūi, con prólogo fechado en 1781. La etiqueta del volumen lo llama Konjaku Hyakki Shūi y el título del prólogo, Hyakki Shūi: una misma obra ha llegado bajo varios títulos. Ao-andon ocupa la página derecha del pliego; es una entrada independiente de Ame-onna, en la página izquierda, pues ambas tienen título y comentario propios.
El recurso de contar historias extrañas a la luz de un andón forrado con papel azul ya existía en la literatura antes de Sekien. El relato «Si se habla de prodigios, llegan los prodigios», del volumen XIII de Otogibōko, de Asai Ryōi, apareció por primera vez en 1666. En un ejemplar impreso de 1699, se describe un único andón cubierto de papel azul, con cien mechas encendidas en su interior, de las que se retira una tras cada relato. Sin embargo, la reunión sufre una perturbación antes de alcanzar las cien historias; no aparece ninguna figura cornuda ni el nombre de yōkai Ao-andon. Es un antecedente de la escenografía del Hyakumonogatari, no la primera aparición de Ao-andon propiamente dicha.
El comentario de Sekien cuenta que, cuando una luz parece a punto de apagarse y vuelve a avivarse, las sombras oscilan y se ven oscuras; en ocasiones puede aparecer algo llamado Ao-andon. Añade que, desde antiguo, quienes practican el Hyakumonogatari cubren el andón con papel azul, y advierte que hablar de demonios en la noche atrae prodigios. No menciona como condiciones el relato número cien, la última mecha, la oscuridad absoluta ni una aparición inevitable. En las fuentes sobre el Hyakumonogatari hay historias donde ocurre algo extraño cerca del relato nonagésimo noveno, otras donde sucede tras concluir las cien historias e incluso otras en que lo tomado por un monstruo resulta ser un perro o la pierna de una persona y el miedo se convierte en risa; tampoco consta una regla común que obligue a detenerse siempre en el relato nonagésimo noveno.
La figura de la estampa lleva el pelo largo y suelto, dos salientes semejantes a cuernos en la cabeza y dientes representados en oscuro. Dentro del andón, cuyo marco frontal está retirado, se ven una lámpara de aceite y mechas; por el suelo hay una caja, papeles y objetos finos que recuerdan a peines o alfileres para el cabello. Pero el comentario no los llama cartas de amor ni útiles de costura, ni narra la historia de una esposa celosa, la traición de un marido o un rencor vengativo. Se desconocen su carácter, propósito, daños, ataques, palabras, debilidades y modo de derrotarla.
Los diccionarios de yōkai y las obras de ficción posteriores han retratado a Ao-andon como una mujer demoníaca que aparece al final del Hyakumonogatari, una entidad que reúne el miedo o una jueza de historias de fantasmas. Esas imágenes forman parte de la rica recepción nacida de la escueta página de Sekien, pero deben distinguirse del comentario de época Edo. La reiterada incorporación de las imágenes de yōkai de la Edad Moderna a la creación contemporánea también explica que la figura de Ao-andon se haya ido ampliando en cada época. Las fuentes fundamentales conservadas no documentan un lugar de origen, avistamientos, santuarios ni cultos propios; Edo no debe presentarse como sede de una tradición local.