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Ao-andon(ao-andon)

Descripción básica

Ao-andon es un yōkai nacido de la unión entre el andón cubierto de papel azul empleado en el Hyakumonogatari y la figura de aspecto extraño que Toriyama Sekien dibujó en sus álbumes de yōkai de la Edad Moderna. El ejemplo conservado más antiguo en que aparece una figura con ese nombre se encuentra en el volumen central, «Niebla», de Hyakki Yagyō Shūi, con prólogo fechado en 1781. La etiqueta del volumen lo llama Konjaku Hyakki Shūi y el título del prólogo, Hyakki Shūi: una misma obra ha llegado bajo varios títulos. Ao-andon ocupa la página derecha del pliego; es una entrada independiente de Ame-onna, en la página izquierda, pues ambas tienen título y comentario propios. [2]

El recurso de contar historias extrañas a la luz de un andón forrado con papel azul ya existía en la literatura antes de Sekien. El relato «Si se habla de prodigios, llegan los prodigios», del volumen XIII de Otogibōko, de Asai Ryōi, apareció por primera vez en 1666. En un ejemplar impreso de 1699, se describe un único andón cubierto de papel azul, con cien mechas encendidas en su interior, de las que se retira una tras cada relato. Sin embargo, la reunión sufre una perturbación antes de alcanzar las cien historias; no aparece ninguna figura cornuda ni el nombre de yōkai Ao-andon. Es un antecedente de la escenografía del Hyakumonogatari, no la primera aparición de Ao-andon propiamente dicha.

El comentario de Sekien cuenta que, cuando una luz parece a punto de apagarse y vuelve a avivarse, las sombras oscilan y se ven oscuras; en ocasiones puede aparecer algo llamado Ao-andon. Añade que, desde antiguo, quienes practican el Hyakumonogatari cubren el andón con papel azul, y advierte que hablar de demonios en la noche atrae prodigios. No menciona como condiciones el relato número cien, la última mecha, la oscuridad absoluta ni una aparición inevitable. En las fuentes sobre el Hyakumonogatari hay historias donde ocurre algo extraño cerca del relato nonagésimo noveno, otras donde sucede tras concluir las cien historias e incluso otras en que lo tomado por un monstruo resulta ser un perro o la pierna de una persona y el miedo se convierte en risa; tampoco consta una regla común que obligue a detenerse siempre en el relato nonagésimo noveno.

La figura de la estampa lleva el pelo largo y suelto, dos salientes semejantes a cuernos en la cabeza y dientes representados en oscuro. Dentro del andón, cuyo marco frontal está retirado, se ven una lámpara de aceite y mechas; por el suelo hay una caja, papeles y objetos finos que recuerdan a peines o alfileres para el cabello. Pero el comentario no los llama cartas de amor ni útiles de costura, ni narra la historia de una esposa celosa, la traición de un marido o un rencor vengativo. Se desconocen su carácter, propósito, daños, ataques, palabras, debilidades y modo de derrotarla.

Los diccionarios de yōkai y las obras de ficción posteriores han retratado a Ao-andon como una mujer demoníaca que aparece al final del Hyakumonogatari, una entidad que reúne el miedo o una jueza de historias de fantasmas. Esas imágenes forman parte de la rica recepción nacida de la escueta página de Sekien, pero deben distinguirse del comentario de época Edo. La reiterada incorporación de las imágenes de yōkai de la Edad Moderna a la creación contemporánea también explica que la figura de Ao-andon se haya ido ampliando en cada época. Las fuentes fundamentales conservadas no documentan un lugar de origen, avistamientos, santuarios ni cultos propios; Edo no debe presentarse como sede de una tradición local.

Folclore y leyendas

La historia de Ao-andon se entiende mejor si se distinguen cuatro corrientes, en vez de remontar sin más el yōkai de ese nombre hacia el pasado: la admonición contra hablar de prodigios, las luces del Hyakumonogatari, la imagen de Sekien y las reinterpretaciones modernas y contemporáneas. La fórmula según la cual hablar de demonios por la noche atrae prodigios tiene antecedentes en los clásicos chinos, pero allí no aparecen ni el andón de papel azul ni una figura cornuda. La literatura japonesa de la Edad Moderna superpuso a aquella vieja admonición un mecanismo para contar relatos de terror y una habitación que se iba oscureciendo; así se preparó el escenario en que más tarde pudo aparecer Ao-andon.

Un ejemplo temprano se halla al final de «Si se habla de prodigios, llegan los prodigios», del volumen XIII de Otogibōko, de Asai Ryōi. La obra se publicó por primera vez en 1666. En el ejemplar de 1699 que se conserva, cinco personas que viven por la zona de Shimogyō se reúnen en una noche sin luna; visten kosode azules, cubren un solo andón con papel azul y preparan cien mechas. Al retirar una mecha tras cada relato, la estancia se oscurece poco a poco. [3][4]

Conviene recordar que el «cien» de Hyakumonogatari no designa cien aparatos de iluminación. Las fuentes tempranas se centran en un mecanismo que va reduciendo cien mechas dentro de un solo andón. Hoy puede organizarse un acto con cien velas, pero no por ello equivale a lo que describe el texto de 1666. En Otogibōko, hacia el relato sesenta o setenta, aparecen una luz extraña y algo parecido a una masa blanca; los participantes caen y la reunión no llega a las cien historias. Ocurre una anomalía, pero no hay allí una figura llamada Ao-andon. [5]

Las obras de alrededor de 1677 aclaran aún más que el Hyakumonogatari no era un rito rígido con un único desenlace. En Shukujisō, de Ogita Ansei, una enorme pata de araña baja del techo hacia el relato nonagésimo noveno. [7] En el prólogo de Shokoku Hyakumonogatari, publicado ese mismo año, un fuerte estruendo cerca del relato nonagésimo noveno pone en guardia a los presentes; lo que parecía una conmoción destinada a vencer a un monstruo resulta ser la pierna de una persona, y el terror se vuelve risa. [8] La reunión de relatos extraños fue, además de una tensión ante lo prohibido, una prueba de valor, un juego de ingenio verbal, una narración cómica y un marco para las publicaciones.

Sōgi Shokoku Monogatari, de 1685, registra, además del andón oscurecido con papel azul y las cien mechas, la práctica de atar los pulgares de los participantes. [9] En el «Hyakumonogatari de Umayabashi», de mediados de Edo, se coloca un espejo junto al andón, y en Kyōkun Hyakumonogatari, de 1815, se ponen cien mechas en aceite dentro de un gran plato. [10][11] Las diferencias entre las fuentes muestran que el Hyakumonogatari adoptó variantes según la época, el lugar y el propósito de cada obra. No puede atribuirse un único origen exclusivo ni a las pruebas de valor de los guerreros, ni al rito mágico, ni al entretenimiento popular. [5]

Con ese acervo de literatura y narración como trasfondo, Toriyama Sekien incluyó «Ao-andon» en Hyakki Yagyō Shūi, con prólogo de 1781. [1] La figura de la página derecha del pliego mira de frente desde detrás de un andón abierto por su frente; tiene el cabello largo y salientes semejantes a cuernos. En la página izquierda aparece Ame-onna junto al agua, pero ambas son entradas distintas: no se afirma que aparecieran a la vez ni que fueran hermanas o compañeras. [2]

Sekien no pone el foco en el instante de completar el número cien, sino en el breve momento en que la luz deja de ser estable. Al comienzo de su comentario, la llama parece a punto de extinguirse y vuelve a brillar; por eso la sombra vacila y se ve oscura. En esa situación, se cuenta, puede aparecer algo llamado Ao-andon. No es una escena en la que una gigantesca mujer demoníaca salte desde la oscuridad total. Es el límite entre lo visible y lo invisible, donde la llama de aceite, el papel, el armazón de madera del andón, el cabello de la figura y las sombras sobre la pared alteran unos el contorno de otros.

La caja, los papeles y los objetos finos del suelo anclan la imagen en una habitación doméstica, no en un infierno abstracto. Lecturas posteriores los han interpretado como útiles de costura, peines y cartas de amor, y han visto en ellos los celos de una esposa que sospecha la infidelidad de su marido. Aunque es una posible interpretación de la imagen, el comentario no identifica ni a sus dueños ni los hechos. Llamar mujer demoníaca a la figura cornuda resulta comprensible desde lo visual, pero no permite fijar el color blanco de la ropa, la edad, la condición social, una máscara hannya ni el ohaguro. Leer los dientes oscuros como dientes teñidos de negro es una interpretación posible; debe distinguirse de lo que puede establecerse como hecho.

El mismo pliego se transmitió en una edición de Nagano-ya Kankichi de 1805. [12] La imagen de alta resolución permite observar con detalle el título, el comentario, el interior del andón y los pequeños objetos, pero no es la primera edición de 1781, sino una impresión publicada veinticuatro años después. Distinguir el año de primera publicación de la obra del año de la edición cuya imagen se consulta permite explicar con precisión tanto las diferencias de trazo como la transmisión de las planchas.

Las fuentes conservadas todavía no permiten reconstruir por completo cómo cambió la descripción de Ao-andon desde la era Meiji hasta los primeros años de Shōwa. Desde la posguerra hasta la década de 2000, los diccionarios de yōkai, los libros ilustrados, el manga, los juegos y las explicaciones en internet popularizaron la imagen de una mujer demoníaca que aparece en el relato número cien, el tabú de detenerse en el nonagésimo noveno y una concentración de miedo o celos. En vez de suprimir esas imágenes, conviene situarlas como recepciones posteriores que no aparecen en el comentario de la Edad Moderna: así se aprecia el proceso por el cual Ao-andon creció de una breve página impresa hasta convertirse en un personaje poderoso de la cultura contemporánea. [6]

En 2023, una nueva especie de poliqueto bioluminiscente de color azul violáceo recibió el nombre Polycirrus aoandon. [13] Es un ejemplo de recepción contemporánea en el que el nombre de un yōkai se incorpora a la nomenclatura científica. La explicación moderna que acompaña la etimología del nombre científico también es una reelaboración contemporánea; no puede retrotraerse al comentario de Sekien.

Las fuentes fundamentales conservadas no registran para Ao-andon una tradición regional propia, un lugar de origen, avistamientos, santuarios ni cultos. La zona de Shimogyō en Otogibōko, Umayabashi y la provincia de Inaba de los relatos de Hyakumonogatari, y Edo, donde trabajó Sekien, son respectivamente escenarios literarios, regiones de registro y un ámbito de cultura editorial. No son lugares que prueben que Ao-andon habite allí. Su geografía no está en una montaña o un río determinados, sino en la habitación imaginaria que forman las voces de relatos extraños y los libros.

Cartas de Yokai5

Ao-andon a través de múltiples estilos artísticos

Galería de cartas

Explicación detallada

Junto a una llama que casi se apaga

La inquietud de Ao-andon no consiste en que algo ataque de pronto desde la oscuridad absoluta. El comentario de Toriyama Sekien capta el instante en que la llama de aceite parece extinguirse, vuelve a iluminar y, con cada cambio, modifica la posición y la densidad de las sombras. El rostro humano, el armazón del andón, el papel y los objetos del suelo siguen a la vista, pero ya no conservan la misma forma. Se cuenta que algo llamado Ao-andon puede aparecer entre esa luz y esa sombra fluctuantes.

Grabado en tinta: Ao-andon se asoma desde detrás de un andón en la página derecha del pliego y Ame-onna emerge junto al agua en la izquierda
Ao-andon y Ame-onna en Konjaku Hyakki Shūi, de Toriyama Sekien (rama de la primera edición de 1781)
Rama de la primera edición, con prólogo de 1781. La página derecha corresponde a «Ao-andon» y la izquierda, a la entrada independiente «Ame-onna»; no representan un mismo suceso.
Toriyama Sekien, Konjaku Hyakki Shūi, volumen central; Museo Edo-Tokio de Tokio (n.º de material 10000009, imagen 17), vía la Base de Datos de Libros Nacionales; CC BY-SA 4.0

En la línea de la primera edición, con prólogo de 1781, la página derecha del pliego corresponde a «Ao-andon» y la izquierda, a «Ame-onna». Las dos entradas caben en una misma imagen, pero sus títulos y comentarios son distintos; no son escenas consecutivas de un mismo suceso.

Un andón de papel azul y cien mechas

Otogibōko, de Asai Ryōi, es fundamental para comprender la antigua escenografía del Hyakumonogatari. Allí se cubre un solo andón con papel azul y se colocan cien mechas dentro. Como se retira una mecha después de cada relato, la estancia se oscurece gradualmente. No se trata de cien andones ni de cien velas. La propia disminución de la luz que atraviesa el papel azul permite percibir visualmente cuántas historias se han contado.

Aunque las versiones actuales del Hyakumonogatari coloquen velas, esa puesta en escena no reproduce una única práctica común a todas las fuentes de la Edad Moderna. Los registros recogen diversos procedimientos: retirar las mechas, apagar el fuego, colocar un espejo o utilizar aceite en un gran plato. [5]

El Hyakumonogatari no tiene un único desenlace

La explicación de que siempre hay que detenerse en el relato nonagésimo noveno no concuerda con los desenlaces diversos de las obras antiguas. Hay relatos en que aparece una mano gigantesca cerca de ese momento y otros en que se descubre que el origen de un gran estruendo era una pierna humana, lo que provoca risa. Incluso se transmiten casos en que surge la cabeza de una mujer tras terminar las cien historias, en que se levantan fuertes vientos o temblores después de completarlas, o en que se obtiene un tesoro de un fantasma. [7][8][5]

El Hyakumonogatari no fue solo un tabú aterrador: también era una prueba de valor, un juego de ingenio entre los presentes, una narración cómica, una forma para las colecciones de relatos extraños y una diversión en la que narradores y oyentes compartían tensión. Si se atribuye un único origen exclusivamente a las pruebas de valor de los guerreros o al rito mágico, se pierde de vista esa amplitud.

La página a la que Sekien dio un nombre

Otogibōko contiene un andón de papel azul, pero no una figura llamada Ao-andon. La imagen con nombre más antigua que se conserva aparece en el dibujo de Sekien de 1781. [1] Sin embargo, es difícil abarcar todos los impresos, ensayos y materiales léxicos anteriores; aún no puede asegurarse que el término fuese una creación enteramente original de Sekien.

El nombre «Ao-andon» transforma la descripción de un aparato de iluminación forrado de papel azul en el encabezamiento de una figura extraña que aparece junto a él. El texto no afirma que un andón viejo se transformase tras cien años, ni existe un relato de origen como tsukumogami. Es una creación propia del medio impreso que reúne en un nombre y una imagen el objeto, la práctica de contar historias extrañas y la sensación de una habitación oscura.

Ao-andon a la derecha,
Ame-onna a la izquierda

El libro de Sekien se lee de derecha a izquierda. En la página derecha, que lleva el título y el comentario de Ao-andon, se representa un andón cuadrado al que se ha retirado el marco frontal y una figura que se alza detrás. La página izquierda reúne a Ame-onna, una figura extraña junto al agua, con otro comentario. [2] Compartir pliego no demuestra que sean hermanas, compañeras, apariciones simultáneas o poseedoras de las mismas facultades.

Grabado en tinta de la edición de 1805: Ao-andon y su comentario aparecen detrás del andón en la página derecha del pliego; Ame-onna, a la izquierda
Ao-andon y Ame-onna en Hyakki Yagyō Shūi, de Toriyama Sekien (edición de 1805)
Pliego de la edición de 1805. Permite ver con claridad el título, la figura, el andón y el comentario de «Ao-andon» en la página derecha, pero no es la primera edición de 1781.
Toriyama Sekien, Hyakki Yagyō Shūi, volumen central, edición de 1805; Colección Digital de la Biblioteca Nacional de la Dieta (PID 2551540, imagen 5); Public Domain Mark

Esta es la edición de Nagano-ya Kankichi de 1805. Permite ver con claridad la composición, pero no es la primera edición de 1781. Distinguir el año de primera publicación de la obra y el ejemplar que sirve de base a la imagen digital evita presentar por error esta antigua iconografía como un ejemplar original de 1781.

Cabello largo,
cuernos y dientes oscuros

La figura lleva el cabello largo y suelto, dos salientes semejantes a cuernos en la cabeza y dientes representados en oscuro. Con frecuencia se la llama mujer demoníaca por un contorno que evoca ropa de mujer, pero el comentario no precisa sexo, edad ni condición social. Tampoco puede afirmarse que las zonas sin color de la estampa monocroma sean un vestido blanco. Aunque cabe interpretar los dientes oscuros como ohaguro, la imagen por sí sola no basta para identificar esa práctica cosmética.

La estampa de la Edad Moderna no muestra piel azul, un cuerpo gigantesco y musculoso ni largas uñas que desgarran a las personas. El azul es principalmente el color del papel que cubre el andón, no una indicación del color de piel de la figura.

El espacio que dejan los objetos a sus pies

El frente del andón se ha retirado junto con su marco y deja ver una lámpara de aceite y mechas en el interior. Por el suelo hay una caja, papeles, objetos largos y finos, y piezas que recuerdan a peines o alfileres para el cabello. Sugieren actividades cotidianas como escribir cartas, coser o arreglarse, pero el comentario no da el nombre de cada objeto ni el de sus dueños.

Las interpretaciones posteriores han leído en los útiles de costura, los peines y las cartas de amor los celos de una esposa que sospecha la infidelidad de su marido. Aunque es una hipótesis sugerente para pensar la imagen, no puede afirmarse como antigua tradición de Ao-andon que haya una trama de marido, esposa, carta de amor y rencor. Precisamente porque quedan objetos cotidianos sin explicar, cada espectador puede imaginar una historia distinta.

El «juez del relato número cien» es una imagen posterior

Las explicaciones que presentan a Ao-andon como soberana de los relatos extraños que aparece sin falta en la centésima historia, como acumulación del miedo o la maldad de los participantes, o como una mujer demoníaca que invoca cien prodigios, resultan atractivas en la creación contemporánea. Pero Sekien no dejó escrito su carácter, cargo, propósito, ataques, manipulación mental, daños ni palabras. Tampoco se pueden transferir a las facultades de Ao-andon la pata de araña, la cabeza de mujer, los vendavales o los temblores que aparecen en relatos del Hyakumonogatari en general.

Como el breve comentario de la Edad Moderna dejó mucho sin decir, los diccionarios, el manga, las novelas y los juegos posteriores llenaron ese espacio con nuevos rasgos. Es importante para la historia de la recepción de Ao-andon, pero pertenece a una etapa posterior de su recepción y no debe confundirse con las facultades documentadas en la fuente original.

Se desconocen sus debilidades y cómo vencerla

Dado que el relato número cien no es una condición de aparición, no se puede deducir que detenerse en el nonagésimo noveno sea una debilidad que garantice seguridad. La página de Sekien tampoco presenta como métodos para vencerla iluminar la habitación, retirar el papel azul, apagar el andón o esperar al amanecer. Del comentario de que aparece cuando una llama que casi se apaga vuelve a avivarse tampoco puede inventarse la regla inversa de que desaparece si aumenta la claridad.

La ausencia de un relato concreto de daños no equivale a que sea inofensiva. Donde los registros antiguos guardan silencio, lo más preciso es no decidir ni que cause daño ni que proteja.

Un yōkai sin territorio propio

La zona de Shimogyō de Otogibōko, Umayabashi del «Hyakumonogatari de Umayabashi» y los registros de Hyakumonogatari de Inaba son, respectivamente, escenarios de esa literatura o regiones donde se registró. No significan que un yōkai llamado Ao-andon apareciera allí, fuera venerado o tuviera allí su origen. Que Sekien trabajara en Edo y que su libro pertenezca a la cultura editorial de Edo tampoco fundamenta que Tokio sea un lugar donde aparezca Ao-andon.

Si hubiera que señalar un lugar para Ao-andon, no sería una montaña ni una población del mapa, sino la habitación imaginaria donde se superponen la luz a través del papel azul y las voces de relatos extraños. Se desconocen un lugar de origen, avistamientos, santuarios y cultos propios.

Un nombre azul que llegó a la época moderna

En 2023, una nueva especie de poliqueto que emite luz azul violácea recibió el nombre Polycirrus aoandon. [13] Es un ejemplo de cómo el nombre de Ao-andon y la imagen de una luz azul se extendieron fuera de la cultura de yōkai. La explicación contemporánea del origen del nombre científico y el contenido del comentario de 1781 deben leerse como estratos de épocas diferentes.

El misterio de lo que no sabemos

Ao-andon no tiene un relato detallado de nacimiento, una historia de combate ni palabras establecidas. Quedan un andón de papel azul, una llama de aceite que casi se apaga y revive, sombras vacilantes, pelo largo y cuernos detrás del andón, objetos cotidianos sobre el suelo y una breve advertencia contra hablar de prodigios en la noche.

Al no colmar con una única respuesta la pregunta de qué es, se entiende mejor el recurso de Sekien: una habitación corriente se vuelve poco a poco extraña. El atractivo de Ao-andon no depende de que esté fijado lo que hace en la centésima historia, sino de que, incluso al verla de pie justo allí, aún no sepamos por qué está ahí.

Perfil del personaje

Esta sección es una creación propia de nuestro sitio para narrar. No es un hecho histórico ni un estudio académico.

Tipo de Yōkai
Yōkai tradicionales
Carácter
Se desconoce. Se la representa como una figura que mira de frente desde detrás de un andón, con el pelo largo y salientes semejantes a cuernos.
Afinidad
Se desconoce. Las fuentes antiguas no indican que se acerque a quienes sienten rencor, celos o miedo.
Habilidades
Se cuenta que puede aparecer bajo una luz que casi se apaga y vuelve a brillar, entre sombras vacilantes
Debilidades
Se desconocen los métodos para derrotarla, sellarla o evitarla. Las fuentes antiguas no establecen como debilidad detenerse en el relato nonagésimo noveno ni aumentar la luz.
Hábitat
Se la representa vinculada a las habitaciones del Hyakumonogatari donde se emplea un andón de papel azul. Se desconocen un lugar de origen y zonas propias de aparición.

Fuentes y referencias

13
  1. 『百鬼夜行拾遺』3巻(存2巻)鳥山石燕(安永10年(一七八一)序) [古典籍書誌] Referencia名称付きの青行燈を収める『百鬼夜行拾遺』の初刊年、巻構成、題名の異称を確認する書誌記録。
  2. 鳥山石燕『今昔百鬼拾遺』中之巻「青行燈・雨女」鳥山石燕(東京都江戸東京博物館所蔵/国書データベース, 安永10年(一七八一)序) [古典籍画像・一次資料]初版系統の見開き画像。右頁の青行燈の題、詞書、人物、行燈、小道具と、左頁の別項目「雨女」を直接確認できる。
  3. 浅井了意『御伽婢子』13巻浅井了意(瓢水子松雲)(西沢太兵衛, 寛文6年(一六六六)初刊) [古典籍書誌・一次資料]巻十三末尾「怪を語れば怪至る」を含む初刊本の書誌。青紙の行燈を用いる百物語文芸が石燕以前に成立していたことを確認する。
  4. 浅井了意『伽婢子』巻13「怪を語れば怪至る」浅井了意(中川茂兵衛/早稲田大学図書館所蔵, 元禄12年(一六九九)刊) [古典籍画像・一次資料]一基の行燈を青紙で張り、百筋の灯心を一話ごとに取り去る百物語の道具立てと、百話へ届く前に起きる異変を本文で確認できる。
  5. 『「百物語」研究』岡島由佳(博士論文, 2020年) [学術論文] Fuente secundaria百物語の作法、参加者、作品ごとの結末、起源説を横断し、九十九話で止める一律の規則を想定できないことを示す研究。
  6. 「ライトノベルと近世怪談資料―『画図百鬼夜行』の受容をめぐって」伊藤慎吾(『学習院女子大学紀要』第19号, 2017年) [学術論文] Fuente secundaria鳥山石燕の妖怪画集を含む近世怪談資料が現代創作へ取り込まれる過程を論じ、原典と後世受容を分ける手掛かりとなる研究。
  7. 荻田安静『宿直草』巻2「百物がたりして蜘の足を切る事」荻田安静(富山大学ヘルン文庫所蔵, 延宝5年(一六七七)) [古典籍・一次資料]九十九話付近で天井から大きな蜘蛛の手が現れる百物語の異例を収め、怪異の時点と姿が一様でないことを示す。
  8. 『諸国百物語』編者未詳(国文学研究資料館所蔵, 延宝5年(一六七七)刊) [古典籍画像・一次資料]九十九話の大音に一同が身構えた後、騒ぎの正体が人の脚と分かって恐怖が笑いへ変わる序文の逸話を確認できる。
  9. 『宗祇諸国物語』編者未詳(国文学研究資料館所蔵, 貞享2年(一六八五)刊) [古典籍画像・一次資料]青紙の闇燈、百筋の灯心、参加者の親指を結ぶ百物語の作法を伝える近世資料。
  10. 『怪談老の杖』巻4「厩橋の百物語」平秩東作(国文学研究資料館書誌, 江戸中期(成立・刊写年未詳)) [古典籍書誌・一次資料]厩橋の百物語で行燈のそばに鏡を置く作法を伝え、百物語の道具立てに複数の型があったことを示す。
  11. 村井由清『教訓百物語』村井由清(国文学研究資料館所蔵, 文化12年(一八一五)刊) [古典籍画像・一次資料]大皿の油に百筋の灯心を入れる後期の百物語作法を記し、照明器具と進行方法の変奏を示す。
  12. 鳥山石燕『百鬼夜行拾遺』中之巻鳥山石燕(長野屋勘吉/国立国会図書館所蔵, 文化2年(一八〇五)刊) [古典籍画像・一次資料]文化二年刊本の青行燈と雨女の見開き。題、詞書、行燈内部、小道具を高精細画像で確認できるが、一七八一年の初版そのものではない。
  13. Three newly discovered sea worms that glow in the dark named after creatures from Japanese folklore and marine biology名古屋大学(名古屋大学, 2023年3月30日) [大学公式研究広報] Referencia青紫色に発光する多毛類の新種Polycirrus aoandonの命名を紹介し、青行燈の名が自然科学へ取り入れられた現代受容を示す。

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