Hachishakusama
Hachishakusama, la mujer alta de vestido blanquecino
Espíritu / FantasmaInternet (tablón ocultista de 2channel)
En un día soleado, apenas iniciadas las vacaciones de primavera, una voz humana incomprensible llega desde el jardín a la amplia galería de una casa de labranza. Tras un sonido que oscila entre «po» y «bo», un sombrero avanza por encima de un seto de unos dos metros y, al alcanzar una abertura, aparece una mujer de vestido blanquecino. Su cabeza sobresale del seto. Hachishakusama es una de las historias de terror nacidas en internet más representativas del Japón contemporáneo; comienza cuando las proporciones de lo cotidiano dejan de encajar de pronto.
Cuando el narrador cuenta a sus abuelos lo que ha visto, su actitud cambia por completo. La abuela explica que la «Hachishakusama» de aquella zona mide, como indica su nombre, unos ocho shaku; según quien la vea, puede parecer una joven de luto, una anciana con kimono de mangas cortas o una mujer madura vestida para trabajar en el campo. Comparten la forma femenina, una estatura anómala, algo colocado sobre la cabeza y una risa extraña que recuerda a una voz de hombre. En el sistema moderno de pesas y medidas, un shaku equivale a diez tercios de metro; ocho shaku corresponden aproximadamente a 2,424 metros. Los espacios que el texto deja sin describir —el color y la forma del sombrero, el pelo y los rasgos— alimentaron la diversidad de imágenes posteriores.
La acción se sitúa en un distrito del tamaño aproximado de un ōaza, cuyos nombres de ciudad y antigua aldea se ocultan. Cuatro estatuas de Jizō, una en cada lindero cardinal, bloquean las vías por las que Hachishakusama podría pasar. El narrador, prendado por la entidad, permanece desde el anochecer hasta las siete de la mañana en una habitación del segundo piso protegida con talismanes, ventanas selladas, montículos de sal en las cuatro esquinas, una pequeña imagen budista y oraciones. De madrugada, una voz casi idéntica a la del abuelo lo llama desde fuera mientras persiste un leve golpeteo en la ventana. A la mañana siguiente se sienta en el centro de una furgoneta para nueve personas, rodeado en las ocho direcciones por siete hombres con un parentesco lejano y por la señora K, en el asiento delantero; sus oraciones y los vehículos que abren y cierran la marcha lo llevan fuera del distrito. Diez años después, una llamada anuncia que se ha roto la estatua de Jizō situada en el camino hacia su casa, y el relato concluye con la inquietud de que aquella voz pueda volver.
El punto de partida que hoy puede verificarse son los mensajes 908 a 916 de «¿Reunimos historias tan aterradoras que no tienen gracia? 196», publicados el 26 de agosto de 2008 en el tablón ocultista del foro anónimo 2channel. Un mismo usuario anónimo, con el mismo ID, publicó nueve entradas consecutivas en unos nueve minutos, entre las 9:45:56 y las 9:54:54. El hilo admitía tanto relatos de experiencia como ficción, y no se conocen otras fuentes que corroboren un lugar o un incidente reales. Hachishakusama es una pieza de netlore nacida de la unión entre el tono de una memoria local antigua y el formato de mensajes encadenados que permite una lectura de corrido en un foro anónimo.
Antes del 22 de septiembre de 2008, menos de un mes después de la publicación, el relato ya había sido reproducido con el título «Hachishakusama» en un sitio de recopilación de Sharekowa. Con el tiempo pasó a ser objeto de estudios de folclore y narrativa y nuevos narradores le dieron voz, rostro, ropa y movimiento en obras como la recopilación audiovisual *Fūin Eizō 16: La maldición de Hachishakusama* y la novela *Otherside Picnic*, junto con su adaptación animada. La historia cultural de Hachishakusama se revela precisamente en el paso de una anomalía sin ilustración oficial, que se recibía con el cuerpo lector, a otra que creció al pasar por cuerpos que escuchan y que miran.