YOKAI.JP
Prefectura de Akita Dioses visitantes y dragones en el país de las nieves de Dewa. Enciclopedia de los yōkai de la prefectura de Akita

Namahage, Hachirōtarō, raijū y kodama-nezumi. Los yōkai criados en Oga y los Tres Lagos

Dioses visitantes y dragones en el país de las nieves de Dewa.
Enciclopedia de los yōkai de la prefectura de Akita

Prefectura de Akita · あきた

Ver en el mapa

La prefectura de Akita se sitúa en lo que era la mitad norte de la provincia de Dewa según el antiguo sistema de provincias ── tierras que pasaron a formar la provincia de Ugo tras la división de la era Meiji. La península de Oga, que se adentra hacia el mar de Japón como la cabeza de una bestia silvestre; el lago Hachirōgata, otrora el segundo lago más grande de Japón que se extendía en la base de la península; el lago Tazawa, el más profundo del país que atesora aguas lapislázuli en el corazón de los montes Ōu, y Shirakami-Sanchi, que conserva un bosque primario de hayas en la frontera con Aomori declarado Patrimonio de la Humanidad. Esta agreste topografía nevada donde convergen el océano, los lagos y las profundas montañas ha forjado los pilares fundamentales de la cultura yōkai de Akita.

Los seres misteriosos que aquí se relatan no son los clásicos demonios de alto rango que amenazan a los nobles o a la estabilidad del poder central, como suele ocurrir con los yōkai de la gran urbe. Mensajeros divinos que visitan las aldeas rasgando la densa oscuridad del invierno, gigantes dragones que tallaron con sus fauces los grandes lagos, feroces bestias que caen desde el cielo acompañando a los truenos, y diminutos animales que se manifiestan de forma enigmática en medio de la montaña únicamente ante los cazadores ── todos ellos son presencias surgidas indiscutiblemente fruto del ruego más solemne y el profundo pavor de un pueblo que vive en perpetua conexión, enfrentando estoicamente la extrema dureza de la madre naturaleza. El presente artículo traza un recorrido exhaustivo para seguir el rastro de los misteriosos yōkai del país de las nieves de Dewa, cimentando como sus dos sólidos ejes principales la deidad visitante namahage que custodia con recelo Oga y el imponente mundo lacustre unificado por Hachirōtarō, aquel invencible dragón soberano de la epopeya de la Leyenda de los Tres Lagos.

El dios que surge desde la penumbra en Nochevieja ── El namahage y la península de Oga

La península de Oga se adentra proyectándose hacia el oeste bañándose en el inmenso mar de Japón. En su extremo occidental se encuentra la cumbre del monte Honzan de 715 metros de elevación; en su flanco norte resalta el monte Shinzan, y hacia el este se sitúa la sierra del monte Kenashiyama, siendo aglutinadas venerablemente todas ellas bajo la conocida denominación de los tres montes de Oga (Oga Sanzan). A su vez, cimentado en la misma base perimetral asoma irguiéndose majestuosamente de manera cónica el monte Kanpūzan, constando todas históricamente desde los albores de la antigüedad como venerables montañas reverenciadas por el Shugendō (ascetismo y misticismo montañés). La ferviente devoción sobre los namahage germina afianzándose justamente alzando sus cimientos divisorios en el mero linde y frontera espiritual separando los enclaves sacros ── aquellos donde los monjes ascetas (*yamabushi*) efectuaban reiteradamente sus austeras prácticas de peregrinación extrema purificadora denominadas *oyamakake* ── colindando ante el recinto terrenal de las modestas aldeas pobladas por las humildes gentes plebeyas a las faldas del monte. Al filo de la oscuridad en Nochevieja (Ōmisoka), abarcando su extensión de forma ubicua por casi toda la generalidad de la entera región de Oga, extrañas y lúgubres figuras ataviadas portando terroríficas máscaras diabólicas (oni) y abrigadas envueltas bajo toscas capas de paja tradicional trenzada (*kede*) recorren vociferando e incursionando a través de la calidez de las casas proclamando: «¿Hay algún niño llorón? ¿Hay algún niño rebelde que no obedezca a sus padres?». Estos mismos seres no son otros que los famosos namahage.

A raíz de su espeluznante aspecto fiero a menudo prevalecen generalizados equívocamente asimilados y marginados como vulgares demonios; sin embargo, en estricto rigor y orígenes primigenios los namahage han sido venerados y concebidos en forma de los divinos heraldos u emisarios encomendados en representación por los soberanos dioses arraigados en el monte Shinzan y monte Honzan[1]. Visitan la tranquilidad del receso en los umbrales del final de año sobre las aldeas de la comarca infundiendo su solemne reprimenda contra la indolente pereza u holgazanería y toda insolencia familiar, impartiendo a cambio la noble absolución del exorcismo exiliando purificando pesares e infortunios para ofrendar las benévolas mercedes promoviendo prosperidad en cosechas agrícolas, fecunda pesca abundante al arrastre, aunado al ruego pidiendo inquebrantable sanidad frente a afecciones epidémicas ── no siendo entidades demoníacas o proscritas, presumiendo gozar en su totalidad un eminente pedestal del estrato como grado y entidad divino celestial. El jefe o amo de familia los recepciona dispensándolos respetuosamente como honoríficos huéspedes convidándoles ceremoniosamente bandejas con ofrendas gastronómicas acompañadas de copas rebosantes en sake tradicional, adquiriendo frente a las deidades el sagrado juramento del recogimiento virtuoso augurando por otro noble año próspero al despedirlos reverenciando su glorioso retiro en procesión partiendo hacia el exterior a deambular. El simbólico acto recíproco agasajando mediante copiosas recepciones cordiales repletas en sake u manjares a tales hostiles monstruosidades quienes a su vez acaban de irrumpir con violencia en un asalto ruidoso domiciliario sobre el humilde umbral evidencia la máxima premisa constatando y ratificando rotundamente que aquellos namahage ni figuran de modo alguno ser «ninguna calamidad o catástrofe forzosa necesitando erradicarse», posicionándose más adecuadamente considerándose como todo un «noble dios que amerita ser calurosamente acobijado y bienvenido». Esta genuina formalidad caracterizada representando por medio de atavíos o disfraces y toscas caretas en escena asumiendo presencias místicas provenientes del inframundo forastero deidad, las cuales emprenden la marcha puerta por puerta o vivienda bajo vivienda concediendo exhortaciones amonestadoras combinadas junto a generosas bendiciones benévolas, clasifica coronándose incuestionablemente el mayor ejemplo de máxima representatividad documentado extendiéndose esparcido u homologado con otros afines distribuidos puntualmente en el nororiente Tohoku o franjas esparcidas en la región costera central occidental y el profundo sur sureño de la isla de Kyūshū, encontrándose sus paralelos afines encarnados como lo resulta con la variante festividad ritual el *amamehagi* ubicado puntualmente entre la comarca de Noto y con los singulares *toshidon* oriundos provenientes afincados en las pequeñas islas de Koshikijima (Kagoshima), catalogados ambos por igual inamovibles representantes eminentes dentro de la jerarquía tradicionalista con los rituales al venerado y esperado dios visitante.

Namahage

なまはげ

El Namahage es una «deidad visitante» (raihōshin) que acude a los pueblos de la península de Oga, en la prefectura de Akita, durante la noche de Año Nuevo. Llevando máscaras de demonios, vestidos con kede (impermeables de paja) y espinilleras de paja, esgrimen grandes cuchillos deba y gohei (varitas rituales), rugiendo de casa en casa: «¿Hay algún niño que esté llorando? ¿Hay algún niño que desobedezca a sus padres?». Debido a su aspecto feroz, a menudo se les confunde con demonios (oni), pero en su origen son mensajeros de las deidades del monte Shinzan y el monte Honzan. Son seres divinos que llegan con el cambio de año para amonestar la pereza y la desobediencia, exorcizar el mal y traer cosechas abundantes, buenas pescas y buena salud. El cabeza de familia los recibe respetuosamente con sake y comida y, tras prometer buen comportamiento para el año venidero, despide formalmente a los Namahage. La práctica de llevar máscaras y disfraces para encarnar a seres de otro mundo y visitar cada casa para otorgar bendiciones y amonestaciones, hace del Namahage un ejemplo representativo de los rituales de deidades visitantes ampliamente distribuidos por las regiones de Tōhoku y Hokuriku.

Saber más

El origen etimológico derivado conformando por el título mismo bautizando al «namahage» transparenta con nitidez evidenciando figurar retratar un vivo espejo fidedigno evocando aquella íntima convivencia y el estilo de la vida rutinaria abrigada congregándose arremolinada a cobijo estrecho pegados al característico fogón hogareño hundido tradicional en suelo de las moradas rústicas (*irori*). En épocas de nevado invierno, mantenerse dilatadamente postrado acobijándose al margen en torno aferrado absorbiendo confortablemente el ardor reconfortante a quemarropa de los bordes perimetrales contiguos caldeando proveniente expedidos del mismo fogón genera ocasionando manchas eccematosas de sarpullidos con enrojecimiento eritematoso sobre el epidérmico tejido humano manifestándose a brotar en las extremidades corpóreas de los brazos y rodillas como benignas afecciones térmicas a manera o similares secuelas comparables a lo que implica en la quemazón leve ocasionado tras las quemaduras menores, síntomas a los cuales fueron denominados nativamente bautizados de la forma en el argot popular como «*namomi*» (eritema ab igne). Se atribuía firmemente atestiguar y representar a lo largo tales secuelas cutáneas ser la flagrante prueba infalible delatora demostrando exhibir un síntoma palpable atestiguando al presunto y ocioso negligente rezagado haber estado languideciendo perezoso encadenándose indolentemente postrado ante el regocijante calor asado ── el propio término popular expresando arrancar frotando lacerando despojando («*hagu*») dicha quemazón rojiza delatadora para amedrentar, reprender o infligiendo el correspondiente punitivo castigo derivó terminando en forjar por asimilación y mutación por corruptela fonética en modismos dialectales la propia raíz adoptando a conformar el singular término general «namahage», o así lo indica y testifica a los anales de la fehaciente transmisión oral transmitida[1]. Es importante aclarar y recalcar pertinentemente que dicho grueso y contundente tajo o filo esgrimido es decir el abultado cuchillo *deba* que sostienen portando amenazantes ostentosamente, representa e ilustra metafórica y categóricamente meramente ser los únicos figurativos instrumentales para desgarrar o arrancar dichas escamas de las quemaduras de indolencia y que imperativamente se rige ser una farsa, bajo ninguna circunstancia se blanden con pretensión para tajar y lastimar provocando derramamiento hiriente la integridad o daño real contra las personas inocentes atemorizadas. Por último, pero no menos importante, la sacra y ceremonial vara o el rústico cetro engalanado colgando con las tiras recortadas albas en zigzagueante de papel (*gohei*) que ciñen empuñando reverencialmente aferradas con vigor resguardado pasivamente a pulso sobre su diestra en la propia mano recita expresando una silente u ostentosa pero elocuentísima proclama mística señalando solemne en silencio certificar y probar atestiguando contundente e inequívocamente corroborando con toda la afirmación indudable validando pertenecer en las mismísimas huestes y el bando de las divinidades.

En cuanto a las variadas raíces abordando la misteriosa y discutida indagación del génesis y orígenes fundacionales a los namahage, coexisten múltiples y discrepantes hipótesis dispares debatiendo sus raíces, careciendo no obstante faltándoles u omitiendo arrojar sin consolidarse ninguna teoría estricta concluyente irrefutable zanjada como verdad única imperante definitiva. Destacando encumbrada en lo alto del folclore por renombre popular de las anécdotas encabeza posicionándose primordial e infinitamente la más preeminente asumiendo el primer puesto se consagra ser la enigmática reliquia mitológica sobre el escalonado legendario milenario que narra los «Novecientos noventa y nueve peldaños o escalones de piedra» conservada salvaguardada religiosamente siendo reverenciada u transmitiéndose perennemente a relatar fiel resguardada por el antiguo monasterio asceta sintoísta Goshadō ── los cinco pequeños oratorios y pabellones erigidos consagrando cinco demonios imperantes en conjunto vinculados anexos formando ser dependencias del venerable templo y gran santuario del Dios Rojo (Akagami Jinja) empotrado asomándose escarpado o colgado vertiginosamente dominando hacia los declives adyacentes a en la ladera faldera enraizado y asentado posado cimentado a faldas de los flancos basales situados a poniente o en su extremo occidental mirando hacia poniente a faldas del susodicho monte de Honzan encuadrado todo esto coronando y encuadrando en el área peninsular costera a poniente del perímetro territorial que ciñe a la misma península de Oga. Relatan las arcanas fuentes de un compendio mitológico esparcido retrocediendo o proyectándose retroactivamente y estimando hasta datar a ubicarse hace ya lejanamente los distantes dos milenios cronológicos transcurridos al pasado histórico, que en dicho periodo temporal, un supremo soberano majestuoso, es decir aquel reconocido magno y excelso emperador de soberanía monárquica de la colosal china continental referenciado históricamente bajo el propio emperador de nombre Emperador Wu de Han, emprendió el místico y fantástico periplo surcando para llegar y desembarcar asombrosamente cruzando el vasto océano encallando para desembarcar arribando en tierras pisando Oga para lo cual en su expedición vino trayendo acompañado escoltado junto a su séquito como comitiva acompañándole con su divina presencia majestuosa portando para acompañarlo a cinco quirópteros mágicos u a cinco misteriosos murciélagos místicos espectrales. Éstos extraños cinco misteriosos quirópteros inauditos experimentaron una abrupta metamorfosis encarnando subitáneamente un transmutado místico prodigio revistiéndose y alterando a figurar o encarnando transfigurándose trocando al transfigurarse sus fisionomías revelando ser transfigurados e intercambiando adoptando ser la asombrosa efigie de volverse o transfigurándose corpóreamente como temibles o colosales cinco inmensurables u espantosos demonios (oni), para los que por la merced a sus designios del regente o del piadoso gran y afable emperador fue dispuesta e instituida bondadosamente una efímera e indulgente u única o grata prebenda u honrosa dispensa anual brindando o donde concedía cediendo magnánima gracia el otorgar dispensa cediéndoles y otorgándoles librando y dándoles asueto otorgando a dichos súbditos únicamente como franco o una única singular libranza u asueto otorgando concediéndoles para su ocio reposar liberándoles anualmente gozando de permiso para una corta asueto de ocio u permiso o un solitario grato periodo u pausa a libranza reposo dispensado y descanso u exento una dispensa u grata vez exclusiva al calendario y año transcurridos por el festivo receso al paso transcurridos y coincidentes a las correspondientes las festividades sobre las temporadas a o encuadrado a víspera e inicios del venidero Año Nuevo. Empero trágicamente como secuela indeseable contrapuesta e imprevisible, en vista y agravante que dichos colosales monstruosos los o referidos y desbocados oni insatisfechos desamarraban para desquitar procedían irrumpiendo desfilando a adentrarse a invadir adentrándose procediendo descendiendo incursionando de la serranía bajando despavoridos precipitando incursiones a irrumpir asolando arramplando al invadir las o asolando las comarcas y poblados aterrando arrasando a y arrebatando en su descenso saqueando o diezmando devastando rapiñando o usurpando asolando los y desvalijando u en pillaje sobre asaltando sobre para arrasando en su afán saqueando cultivos e incautando sustraer e y arrasando cosechas agrícolas sembradas para saquear robando en despensas hurtando o secuestrando incautando raptando además cautivando robándose consigo a y y a arrebatando para acarrear como botín de paso en botín secuestrando raptar y y al acarrear llevando secuestrando arrebatando consigo y con al acarreando u incautando de secuestrando o arrancando despojando o arrebatando arrastrando forzosamente en sus raptando secuestrar a las inocentes doncellas aldeanas cautivas y muchachas locales, acorralados agobiados sufriendo en vilo sumidos a exasperada por la gran desesperación profunda acorralados asolados afligidos abatidos de desesperación padecida a o los y los mortales aldeanos afligidos nativos los nativos sufriendo exhaustos la asolados nativos agobiados lugareños mortales locales extenuados los la los acorralados nativos aldeanos o pobladores lugareños exhaustos desesperados exhaustos atormentados acorralados desesperados lugareños afligidos o nativos exhaustos acorralados aldeanos afligidos y de a y e plantearon desafiaron retándoles interponiendo propusieron desafiantes y atreviéndose plantearon interponiendo ofreciendo arriesgando proponiéndoles retaron les los retaron y a lanzaron propusieron atrevieron interpusieron proponiendo y lanzándoles y un arriesgado u osado intrépido o una azaroso u un arrojado y apostando valeroso o e un desafío azaroso arriesgado desesperado apostando atrevido y osado reto a y apostaron reto arriesgada apuesta osado desafío retándoles al a o a al retaron apostaron e osada a: «Si lográis y sois plenamente aptos y de y a e de capaces podéis a u si podéis forjar sois y de de podéis a sois de u y lográis a podéis si y podéis de lograr podéis podéis a si a a podéis en y podéis e forjar ser podéis y a podéis a a construir e lograr a construir e a a podéis de erigir forjar podéis e de y e a forjar forjar a a en apilar a forjar erigir u y construir u forjar a podéis forjar a de construir una monumental escalinata o a a erigir u una construir un u una u una a de escalinata una e un e un a a erigir a de a de u escalinata escalinata escalinata o de u de mil mil de mil de a de de e o de mil e de mil escalones a mil a e a peldaños peldaños u a de peldaños escalones a de escalones de a de de e de de o de a o e piedra a de e de o piedra piedra a piedra de a a piedra de a o piedra e piedra piedra o de piedra en o u en en a a en y u a e o de en e a en a u en e o en de y de una una en a o de a y de a de e a de de e de a una a y e a u a y o u e a a de e a de de u o de a u de o de de e a o de y a o de u o e de de a e u a e e o u de a y e a de de de o u a a a a de de o u a a o de u de e a o o e e y e y o u a o o u o e o a o e e a y o e o y a de a a y a a o a e de a u u u o y a e o a e a o e a o de a o e u e a y a de de de o u u a de a o de u y u a e de y o a a u u y u e u de de a o u o y e de o a e de a y e a u o u a u o de de o de y u o de de a a u de y e a de a o a de de o a de de a y de de de u o a o a o o de de e de de u e y e de de a o a e e e de a o a o de e o a y o de a e u u de y a e o de e a a de u e a de y u y o u y o a de y y e u e u u y a a e de a o a a o o a e e a o y e e e de de a e o o e e e u e e u a de de a de de de y u y o a de u e e de o u e e o a u e a o e e a e a o a a a e o e e de e e a a y a u u u y a a y o a y o e u a o e e a e y a de o a o e e a de a e a e de o y y a a de e a e a a e y e e a o o e y o y y de a y e o de e de o de o a o de u de a u y y e o de a o de u de de o o o a a e o de a de e de a o e e e y a de y u o y de e e de e de e a a o a y e e de u o a e y de e e a e e a

Los novecientos noventa y nueve escalones de piedra y los demonios. En el origen legendario del santuario Akagami Goshadō, se narra que el prototipo de los namahage fueron cinco murciélagos (demonios) traídos por el emperador Wu de Han. Al apostar con los aldeanos si podían construir mil escalones en una noche, los demonios habían alcanzado el escalón 999 cuando huyeron a la montaña al oír el primer canto de un gallo, que en realidad fue imitado por un aldeano.
Los novecientos noventa y nueve escalones de piedra y los demonios. En el origen legendario del santuario Akagami Goshadō, se narra que el prototipo de los namahage fueron cinco murciélagos (demonios) traídos por el emperador Wu de Han. Al apostar con los aldeanos si podían construir mil escalones en una noche, los demonios habían alcanzado el escalón 999 cuando huyeron a la montaña al oír el primer canto de un gallo, que en realidad fue imitado por un aldeano.

El festival Sedo y la diversidad de las máscaras

Desde la era moderna, los eventos de los namahage se han ido consolidando. En 1978, el «Namahage de Oga» fue declarado Bien Cultural Folclórico Inmaterial Importante. Luego, en 2018, la UNESCO lo registró como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad bajo el título «Dioses visitantes: deidades con máscaras y disfraces»[2]. Hoy, ha superado su papel local para representar a todo Japón.

En el santuario Shinzan, el festival Namahage Sedo combina el rito shinto de la pira sagrada (*sedo*) y el evento folclórico del namahage. Iniciado en 1964, la vista de los namahage bajando por las escaleras nevadas con antorchas bajo la luz de la pira sagrada es el símbolo del invierno de Oga.

Es importante destacar que las máscaras no son uniformes. En el Museo Namahagekan se exhiben máscaras y ritos muy diversos de cada aldea. Algunas tienen cuernos distintos, otras usan colores rojo y azul, y otras se fabrican de madera, papel maché, o incluso cestos y algas marinas. Los jóvenes de cada aldea heredan los trajes y las costumbres, demostrando que es una creencia nativa, no una regla impuesta desde la capital. Aunque la despoblación amenaza la tradición, los habitantes de Oga luchan para preservarla.

Los tres lagos forjados por un dragón ── Hachirōtarō y la Leyenda de los Tres Lagos

Antiguamente, en la base de la península de Oga, se extendía el segundo lago más grande de Japón, el Hachirōgata (220 km²). En los años sesenta, un enorme proyecto nacional de drenaje lo convirtió en tierra firme para la agricultura, creando Ōgata-mura. El lago remanente, ahora llamado Hachirōko, cayó a la decimoctava posición por tamaño. Sin embargo, su nombre aún guarda el recuerdo inmortal del dios dragón: Hachirōtarō.

Hachirotaro

はちろうたろう

Hachirotaro es un dios dragón (ryūjin) cuyo dominio principal es el lago Hachirōgata en la prefectura de Akita. La leyenda cuenta que originalmente era un matagi (cazador tradicional de invierno) de la región de Kazuno. Tras romper un tabú al asar y comerse él solo tres truchas (iwana) que debía compartir con sus compañeros, fue presa de una sed insaciable. Al no dejar de beber el agua del arroyo de montaña, se transformó en una serpiente gigante y, finalmente, en un dragón. El transformado Hachirotaro represó el lago Towada para convertirlo en su morada. Sin embargo, más tarde se enfrentó al monje Nansobō de Kumano por el dominio del lago y fue derrotado. Huyendo hacia el noroeste, abrió la laguna de Hachirōgata y se convirtió en su señor. Se encuentra en el centro de la «Leyenda de los tres lagos» (Sanko Densetsu), un relato épico de dioses dragón que abarca los tres lagos principales de Akita (el lago Towada, Hachirōgata y el lago Tazawa). Incluyendo su posterior romance con la princesa Tatsuko del lago Tazawa, Hachirotaro es el protagonista central de la narrativa que sistematiza el culto a los lagos y marismas en la región del norte de Tōhoku.

Saber más

La historia de Hachirōtarō es el núcleo de la grandiosa «Leyenda de los Tres Lagos» que conecta Towada, Hachirōgata y Tazawa. Originalmente, Hachirōtarō era un cazador (*matagi*) nacido en Kazuno. Un día, atrapó tres truchas (*iwana*) en las montañas y, rompiendo la estricta regla de compartir la presa equitativamente con sus compañeros, se las comió él solo debido a un hambre insaciable. Tras esto, sufrió una tremenda sed; por más que bebía del río, no se saciaba, hasta que le crecieron escamas y se transformó en un enorme dragón[4]. Caer a la forma de una bestia por romper el tabú refleja la estricta ética de supervivencia de los cazadores matagi.

Tras convertirse en dragón, Hachirōtarō represó el lago Towada para habitarlo. No obstante, Nansobō, un monje asceta venido desde Kumano en Kishū, reclamó el lago apoyado en una profecía. Ambos se enfrentaron épicamente durante siete días y siete noches, y Nansobō venció usando sus sutras mágicos[5]. Hachirōtarō fue expulsado y, tras varios intentos de asentar un nuevo hogar, el lago Hachirōgata se abrió para él[6]. Así, la formación de los lagos queda entrelazada con el exilio mítico del dragón.

La princesa Tatsuko y el lago que se congela y el que no

La leyenda tiene un hermoso epílogo en el lago Tazawa con la princesa Tatsuko. Tatsuko rezó por belleza eterna y, tras beber de un manantial sagrado, sufrió la misma sed infernal que la convirtió en dragón, hundiéndose como la señora de Tazawa. Hachirōtarō empezó a visitarla.

Tatsuko, la mujer que se convirtió en dragón. Anhelando la belleza eterna, Tatsuko bebió de la fuente sagrada, sufrió una sed insaciable y se transformó. El mismo patrón de castigo la vincula al destino de Hachirōtarō.
Tatsuko, la mujer que se convirtió en dragón. Anhelando la belleza eterna, Tatsuko bebió de la fuente sagrada, sufrió una sed insaciable y se transformó. El mismo patrón de castigo la vincula al destino de Hachirōtarō.

Se dice que Hachirōtarō pasa el invierno con Tatsuko en el lago Tazawa. Por eso, el lago Hachirōgata se congela al estar sin su amo, mientras que Tazawa ──el más profundo de Japón (423m)── se mantiene cálido y libre de hielo por la pasión de los dos dragones[7]. La geografía y el mito se alinean maravillosamente. Aún hoy, en la zona de Hachirōgata, Hachirōtarō es reverenciado como deidad del agua[6].

La bestia que cae con el relámpago ── Raijū

Los yōkai de Dewa también llegan del cielo. El raijū es una bestia que cae con los temibles truenos de invierno o tempestades (*yukiokoshi* o *buriokoshi*). Aunque es un yōkai de fama nacional por los ensayos del periodo Edo, Akita es un punto focal donde se registraron capturas concretas.

El raijū varía en forma: a veces como un lobo de dos patas delanteras y cuatro traseras con cola bífida, otras como un felino, tejón (*tanuki*) o comadreja. Lo que se mantiene es que monta las nubes tormentosas y desgarra los árboles con garras de águila, dejando marcas chamuscadas.

El registro clásico es el *Kasshi Yawa* de Matsura Seizan, el cual documenta que en Akita las personas atraparon a un raijū caído y lo devoraron en un estofado. También narra relatos de personas envenenadas al rozar con la criatura de fuego. Estas crónicas eran formas de asimilar el terror destructivo incontrolable del rayo mediante la encarnación fiera de la «bestia celestial».

El raijū cayendo con los truenos de invierno. El libro *Kasshi Yawa* cuenta que los habitantes de Akita capturaron y cocinaron al raijū. El duro clima invernal del mar de Japón reforzó la creencia de una bestia desgarrando árboles desde el cielo.
El raijū cayendo con los truenos de invierno. El libro *Kasshi Yawa* cuenta que los habitantes de Akita capturaron y cocinaron al raijū. El duro clima invernal del mar de Japón reforzó la creencia de una bestia desgarrando árboles desde el cielo.

Las teorías modernas sugieren confusiones con civetas (*hakubishin*), martas (*ten*), nutrias o ardillas voladoras cayendo aturdidas de los árboles por un rayo. Autores como Takehara Shunsensai en su *Ehon Hyaku Monogatari* lo ilustraron huyendo bajo el temporal. El raijū encarna tanto el pavor popular como el naciente interés naturalista del Japón premoderno.

El augurio siniestro anunciado por las montañas ── El kodama-nezumi y el mundo matagi

Las villas del norte de Akita, como Ani, Nekko, Uttō y Hitachinai, son honradas como la «casa original de los cazadores matagi» a nivel nacional. Desde el siglo XIX, migraron expandiendo sus técnicas de caza en las montañas de Shirakami-Sanchi y más allá.

Los matagi vivían regidos por una severa veneración a los dioses de la montaña (*Yama-no-Kami*). El 12 de diciembre tenían prohibido ingresar al bosque, limitaban sus presas a 12 osos anuales y, al cazar uno, oficiaban la solemne ceremonia fúnebre *kebokai*, revirtiendo la piel del oso como ofrenda redentora al dios de la montaña. Hablaban un lenguaje tabú exclusivo, el *yamakotoba*. Esto fundamenta cuán terrorífico era el relato de Hachirōtarō rompiendo la regla de compartir.

El rito del *kebokai* por los matagi de Ani. Honrando al dios de la montaña, reverenciaban al oso abatido revirtiendo su piel como una ofrenda de retorno espiritual. El yōkai de Akita descansa sobre el estricto mandato de vida o muerte en la supervivencia cordillerana.
El rito del *kebokai* por los matagi de Ani. Honrando al dios de la montaña, reverenciaban al oso abatido revirtiendo su piel como una ofrenda de retorno espiritual. El yōkai de Akita descansa sobre el estricto mandato de vida o muerte en la supervivencia cordillerana.

La manifestación más afilada de este culto es el portentoso roedor místico llamado kodama-nezumi.

Kodama-nezumi

ko-da-ma-NE-zu-mi

El kodama‑nezumi es un ente de montaña de los matagi en Kitaakita, Akita. Se asemeja a un pequeño roedor como ratón doméstico o lirón, con cuerpo casi esférico. Al encontrarse con una persona, se detiene y comienza a hincharse rápidamente hasta estallar con un estruendo similar a un disparo, esparciendo restos; según otra versión, no explota y solo emite un gran estampido. Este encuentro se interpretaba como señal de la ira del dios de la montaña, por lo que los cazadores abandonaban la caza y se retiraban.

Saber más

El kodama-nezumi es un diminuto animal redondo parecido a un ratón de campo o lirón (*yamane*) que de repente se aparece ante los cazadores en el bosque, se inmoviliza, se hincha drásticamente y explota reventando en un atronador estallido dispersando sus entrañas y carne, emitiendo un sonido desgarrador equivalente al disparo de escopetas de fuego pesado. Este suceso representaba una rotunda advertencia de ira y un presagio de fatalidad por el soberano dios de la montaña. Todo matagi que atestiguara esto debía suspender obligatoriamente la cacería de inmediato y retirarse a las faldas de la aldea[10]. Quien osara ignorarlo sufriría escasez eterna de presas o una inminente muerte en avalanchas trágicas. Ya en el hogar, el cazador recitaba el mantra conjurador «*Namu-abira-unken-sowaka*» buscando salvaguardarse.

El erudito local Tetsujō Mutō documentó esta escalofriante advertencia mítica en su famosa compilación *Akita Matagi Kikigaki*. Mostró cómo el simple y lúgubre relato de un «ratón detonante» no era ficción, sino un mecanismo de disuasión y control imperativo reglando el mundo espiritual y la seguridad física de los exploradores invernales. Tal y como Tokuji Chiba disertó en su obra académica *Shuryō Denshō Kenkyū* de 1969, la creación de tan horrorosos augurios es el resultado de la tensión vital perpetuada a lo largo de siglos buscando el equilibrio entre la explotación humana y los gélidos peligros de la madre naturaleza nevada.

Lo que nos cuentan los yōkai de Dewa,
el país de las nieves

Al recorrer Oga, Hachirōgata, Tazawa y las montañas septentrionales de Akita, se comprende que los yōkai de esta provincia siempre radican en la «frontera de colisión entre la humanidad y la naturaleza». El namahage cruza la línea sagrada, Hachirōtarō abandonó la humanidad, el raijū transgrede el límite entre el cielo y el suelo, y el kodama-nezumi ejerce como fiero guardián fronterizo del monte sagrado.

Mientras los yōkai metropolitanos figuran la codicia del poder y la intriga de la urbe, los misteriosos monstruos de Dewa imponen físicamente el estricto decálogo invernal: «no holgazanear», «compartir todo equitativamente», y «sentir un temeroso respeto místico al monte». No son historias de miedo vacías para asustar niños, sino la codificación misma que permitió la supervivencia perpetua al someterse a los mandatos de la supervivencia climática y comunitaria invernal. El yōkai de Aomori o el yōkai de Iwate comparten este eco nórdico, pero en Dewa, la amalgama de los lagos, el mar y las montañas más profundas les confirió un rudo, asombroso y majestuoso carácter sin precedentes.

Socios regionales en Prefectura de Akita

Da a conocer una iniciativa vinculada a la cultura yokai de Prefectura de Akita.

Estudiamos propuestas de artesanía, espacios culturales, rutas de yokai y folclore, alojamientos, experiencias y publicaciones locales vinculadas a Prefectura de Akita.

Ámbitos de colaboración

  • Artesanía local
  • Museos y espacios culturales
  • Rutas de yokai y folclore
  • Estancias y experiencias
  • Edición local
Consultar una colaboración regional

Los contenidos patrocinados o publicitarios se identifican claramente como «PR» y se separan del contenido editorial.

Todos los yokai de Prefectura de Akita4

Lista completa de yokai vinculados a Prefectura de Akita, incluyendo los no tratados en el artículo.

Lugares legendarios de esta prefectura

Lugares concretos de Prefectura de Akita — montañas, santuarios, pozas — donde se cuentan los yokai.

  • Namahage

    Namahage

    Legendario

    なまはげ

    Namahage, la deidad visitante de Año Nuevo

    Espíritus divinos / DeidadesPenínsula de Oga (Actualmente ciudad de Oga, prefectura de Akita) / Santuario de Shinzan (Actualmente Kitaura, ciudad de Oga, prefectura de Akita)

    La verdadera esencia de los Namahage reside en las «bendiciones a través del temor reverencial». El acto de hacer chocar los cuchillos e irrumpir en una casa con voces estridentes tiene como objetivo grabar una poderosa amonestación en los niños y los perezosos; la violencia en sí misma no es el fin. A través de un diálogo con el cabeza de familia, el Namahage obtiene una promesa de diligencia para el año entrante, exorciza la desgracia y se marcha. Esta serie de rituales ha funcionado como un mecanismo para revitalizar espiritualmente a toda la aldea en el cambio de año. El diseño y el color de las máscaras, los movimientos y las líneas pronunciadas difieren de un pueblo a otro. Algunas zonas reciben visitas por parejas, mientras que otras tienen reglas estrictas sobre el orden de visita y la etiqueta del diálogo. La paja que cae de sus vestimentas kede se recoge como amuleto de buena salud, lo que demuestra cómo la tradición folclórica vincula la visita de la deidad a beneficios mundanos y prácticos en diversas localidades. El núcleo del evento de los Namahage no consiste simplemente en temerles como demonios, sino en tratarlos como «deidades invitadas» (marōdogami), con los correspondientes rituales de bienvenida y despedida.

  • Hachirotaro

    Hachirotaro

    Legendario

    はちろうたろう

    Hachirotaro, dios dragón de los tres lagos

    Yokai acuáticoKazuno (Actualmente ciudad de Kazuno, prefectura de Akita) / Hachirōgata (Actualmente distrito de Minamiakita, prefectura de Akita)

    El núcleo de la historia de Hachirotaro reside en la «transformación provocada por la transgresión de una norma» y el «resurgimiento tras la derrota». El pequeño tabú de acaparar tres truchas atrajo una sed incontrolable, convirtiendo a un humano en dragón. Esta retribución kármica se ha transmitido en la cultura de caza y pesca de la región de Tōhoku como una advertencia contra el acaparamiento de las bondades de la naturaleza. Aunque Hachirotaro reclamó el lago Towada como dragón, lo perdió en una contienda contra Nansobō. Aun así, continuó su camino para esculpir una nueva masa de agua, Hachirōgata, para gobernar. Este arco narrativo —en el que el vencido se convierte en el soberano de un nuevo reino— une la vasta geografía que abarca los tres lagos en una sola epopeya. Su unión con la princesa Tatsuko y sus migraciones estacionales ofrecen una explicación mítica para el fenómeno natural real de la congelación de Hachirōgata mientras el lago Tazawa permanece sin congelar. Así, revela cómo la gente interpretaba el comportamiento físico de los lagos a través del prisma del romance de un dios dragón.

  • Raijū

    Raijū

    Legendario

    RAI-yú

    Raijū de la tradición del distrito de Kuji

    Animales metamorfosProvincia de Hitachi (actual distrito de Kuji, prefectura de Ibaraki)

    Figura local temida que desciende con los truenos en época de semilleros, se creía que arrasaba los arrozales. Se asocian ritos de expulsión golpeando bambú partido y la costumbre de clavar cañas en el campo para señalarle la ruta de regreso. Más que dañar directamente, se entiende como personificación de los desastres de los rayos; se dice que quien se acerca queda sin aliento y aturdido. Su dieta y aspecto varían: parecido a comadreja, tanuki o gato, según la tradición.

  • Kodama-nezumi

    Kodama-nezumi

    Poco común

    ko-da-ma-NE-zu-mi

    Kodamamusu (Versión de tradición estándar)

    Animales metamorfosKitaakita, prefectura de Akita (tradición de los matagi)

    Edición que ordena, en el contexto de rituales de caza y tabúes, una imagen de lo extraño en la montaña transmitida en la sociedad matagi del norte de Akita. Su aspecto recuerda a un lirón o un pequeño ratón, redondeado, menudo y veloz. Al enfrentarse a una persona se hincha de repente y emite un único estruendo como un disparo de fusil. En muchos relatos estalla por sí mismo dispersando vísceras y carne, aunque otras versiones dicen que no se rompe, salta sin parar y solo resuena el estallido. En cualquier caso, su aparición es un funesto presagio de ira o advertencia del dios de la montaña, y tras el avistamiento la norma era suspender la caza. Continuarla acarreaba falta total de piezas y se temían temporales o avalanchas. Para aplacar la maldición se debía bajar de la montaña y purificarse en casa recitando “Namuaburaunkensowaka”. Sobre su origen, se cuenta que siete matagi de la escuela Kodama fueron castigados y convertidos en Kodamamusu, aunque también se interpreta que desenterrar lirones hibernando despertó la conciencia del tabú y acabó sublimado en relato de lo extraño. Fechas y fuentes concretas son inciertas y la transmisión es principalmente oral.

Seguir leyendo ── otras regiones