Gashadokuro
ga-sha-do-KU-ro
Gran Esqueleto de Espíritus Vengativos Reunidos: Gashadokuro (Edición Requiem Completo)
Esta es una interpretación del "gran fenómeno nocturno más aterrador", nacido de la acumulación en las profundidades de la oscuridad de innumerables restos de víctimas de guerras y hambrunas, su intenso apego al mundo terrenal, y la desesperación por haber sido abandonados sin rituales para apaciguar sus almas. El Gashadokuro en esta versión trasciende el límite de ser un simple monstruo gigante de huesos; se le describe como el desastre andante en sí mismo, la manifestación con masa física del "peso de la muerte" y la "tristeza de los muenbotoke" que la sociedad humana ha intentado ocultar. Su apariencia es tan colosal que, al levantarse, bloquea incluso la luz de la luna, cubriendo por completo las praderas nocturnas y cementerios desolados con una inmensa sombra negra. A pesar de no tener músculos ni piel, el sinnúmero de rencores actúan como una fuerza mágica que mantiene unidos los huesos, produciendo una fuerza física asombrosa. El presagio de su aproximación es el ensordecedor crujido gigante "gasha, gasha" acompañado por un frío de muerte que congela el aire a su alrededor. Cuando se escucha este sonido, se dice que es casi imposible escapar. El Gashadokuro no utiliza ningún tipo de magia ni hechicería. En cambio, ataca con una violencia extremadamente primitiva y pura, agarrando a humanos vivos desprevenidamente con sus brazos óseos similares a grandes troncos de árboles, llevándolos directamente a su enorme mandíbula para destrozar sus cabezas en vida y sorber su sangre fresca. Sin embargo, detrás de esa aterradora crueldad existe una "hambre y sed (el dolor del gaki)" fundamental que nunca puede ser satisfecha. Cada uno de los huesos que componen al Gashadokuro pertenece a seres humanos indefensos que perecieron en soledad rogando por agua y comida. Que exijan sangre viva es la otra cara de su sed de vivir; pero no importa cuánta sangre beban, ésta siempre se derrama entre los huecos de sus huesos, por lo que su hambre nunca sanará en la eternidad. Por esta razón, emplear "ataques físicos" con espadas, arcos o armas modernas contra este gran ser extraño es casi inútil. Esto es debido a que el enemigo no es más que un conglomerado de huesos que ya están muertos. Incluso si se logra cortar un brazo, otros huesos imbuidos de rencor se agruparán de inmediato, reparándolo por completo. Si hubiera una única forma de "vencer" a este monstruo trágico, no es mediante la violencia, sino a través de la "compasión (kuyō)". Únicamente mediante la recitación sincera de sutras por parte de altos monjes budistas y el ritual fúnebre de devolver respetuosamente los huesos a la tierra para honrarlos, se puede apaciguar el rencor enloquecido y devolver los huesos a su estado inerte de simples restos. Se podría decir que cuestiona la responsabilidad que los sobrevivientes deben cumplir hacia los muertos.