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DEEP DIVE・Hyakumonogatari

Hyakumonogatari

Las cien velas que se apagan una a una

Se reúnen por la noche y cuentan, por turnos, relatos que hielan la sangre. Al final de cada uno apagan una de las cien velas encendidas al principio. Cuando todas se han extinguido y la sala se sume en la oscuridad total ── entonces, se creía, aparece la verdadera presencia. Forma cardinal del *kaidan* japonés, ininterrumpida desde hace trescientos cincuenta años.

Este artículo forma parte del dossier *Kaidan de verano* de YOKAI.JP.

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¿Qué es el hyakumonogatari?

El *hyakumonogatari* es una velada nocturna en la que se cuentan relatos extraños uno tras otro. Al final de cada historia se apaga una de las cien velas encendidas. Cuando todas se han apagado y la sala se hunde en oscuridad, se manifiesta una aparición verdadera ── eso se creía. La forma se establece como género literario en Edo y continúa hoy bajo diversas modalidades; es la forma cardinal del *kaidan* japonés.

El dispositivo es simple, pero su estructura encierra tres sutilezas. Primera: la cifra concreta «cien» ── ni demasiada ni poca, un límite apenas alcanzable en una sola noche. Segunda: la ritualidad del «una vela apagada por relato» ── no basta con contar; la conclusión de un relato y la extinción de una llama se responden uno a uno. Tercera: el punto de llegada «oscuridad final» ── la acumulación de cien relatos individuales se convierte en experiencia colectiva del miedo.

Estos tres rasgos fundaron la «gramática de la cuenta atrás» que pasará después al *rakugo*, al *kaidan* en primera persona y al cine de terror. Este artículo recorre los trescientos cincuenta años del *hyakumonogatari* en orden cronológico.

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Los orígenes a comienzos de Edo (1660–1700)

El *hyakumonogatari* se establece como forma literaria entre las eras Kanbun (1661–1673) y Genroku (1688–1704). El pionero es Asai Ryōi (hacia 1612–1691) con su *Otogibōko* (1666) ── adaptación al Japón de las colecciones chinas *Jiandeng xinhua* y *Jiandeng yuhua*, y acto fundacional de la recopilación de *kaidan* japonés.

Monje de la escuela Jōdo-shinshū, Ryōi conectó el relato de extrañeza chino al marco del sermón budista y transformó la historia de espanto en «literatura de lo extraño cargada de un propósito moral y escatológico». Su continuación, *Inu-haribako* (1692), incorpora más materia japonesa y atenúa el tono homilético en favor del entretenimiento. Junto con *Inga monogatari*, las dos obras forman los primeros pilares de la literatura japonesa del *kaidan*.

En paralelo se desarrollan dos prácticas: la prueba de coraje de los guerreros (*kimodameshi*) y la velada de relatos entre burgueses (*hyakumonogatari*). La primera es una puesta a prueba efectiva en el terreno nocturno; la segunda, una literatura de salón ── ambas comparten el objetivo común de helar la sangre en las noches de verano e intercambian materiales y figuras.

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Refinamiento literario al final de Edo (1700–1868)

En el siglo XVIII, el *hyakumonogatari* explota en la edición. Tras Kanbun, las colecciones derivadas del modelo *Shokoku hyakumonogatari* aparecen en serie; la forma «cien relatos» reúne por centenares las tradiciones y sucesos regionales.

La cima la alcanza Ueda Akinari (1734–1809). *Ugetsu monogatari* (1776) reúne nueve relatos extraños; con el sustento de la cultura clásica sino-japonesa, Akinari eleva el *kaidan* a literatura pura y poética. «Shiramine» (el espíritu vengativo de Sutoku), «La cita de los crisantemos» (amistad y fantasma), «Aozukin» (el monje caníbal), «Yume-ō no Rigyo» (el alma convertida en carpa en sueños) ── no son meros relatos de espanto, sino relatos de interioridad y de karma. *Harusame monogatari*, compuesto al final de su vida, abunda en piezas que tratan la frontera entre vida y muerte.

En paralelo, el *hyakumonogatari* en imágenes se populariza por los *kusazōshi*, los *yomihon* y el *ukiyo-e* ── en particular Toriyama Sekien con *Gazu hyakki-yagyō* (1776) y la serie *Hyakumonogatari* de Katsushika Hokusai. «Leer» y «ver» el *hyakumonogatari* florecen al mismo tiempo.

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Paso a la escena con Enchō (Meiji–Taishō)

El paso del *hyakumonogatari* ── de una forma privada del «reunirse para contar» a una forma pública de «un solo narrador dirigiéndose a la mayoría» ── tiene que esperar a Sanyūtei Enchō (1839–1900). Maestro de *rakugo* a caballo entre el fin de Edo y Meiji, Enchō pule en el escenario *Shinkei Kasane-ga-fuchi* (creado en 1859) y *Botan dōrō* (compuesto a finales de Edo, publicado en taquigrafía en 1884), y transforma el *yose* en verdadero escenario para el *kaidan*.

Dos contribuciones mayores. Primera: comprimir en una sola sesión de *rakugo* la puesta en escena de «la última vela que se apaga» del *hyakumonogatari* ── reconstruir en un formato de unos treinta minutos la estructura de una narración que lleva lentamente al clímax. Segunda: la publicación en taquigrafía ── fijar en lo impreso una actuación única hizo circular las piezas de Enchō en libros y fundó un repertorio reproducible en radio, televisión y cine: un «catálogo estándar del *kaidan* japonés».

Tras Enchō, el *kaidan-banashi* se vuelve imprescindible en la programación estival del *yose* y aporta el modelo de la «especial *kaidan* de verano» de la televisión contemporánea. En esa misma época, el kabuki consagra *Tōkaidō Yotsuya kaidan* de Tsuruya Nanboku IV ── la ecuación cultural «verano = *kaidan*» queda fijada en los dos grandes escenarios del país.

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«La última vela que se apaga» ── una estructura de puesta en escena

El núcleo del *hyakumonogatari* no es el contenido (cada relato tomado por separado), sino la forma misma. Una noche, cien relatos, velas que se apagan una tras otra, y al final la oscuridad total ── la combinación de estos cuatro elementos hace que todos los participantes compartan una sola y misma puesta en escena.

La cuenta atrás es el elemento más importante. Hasta la nonagésima novena, se permanece en zona de seguridad. En el momento de apagar la centésima, el miedo y la expectativa acumulados se condensan en un solo punto. Esta es la matriz de los dispositivos típicos del terror contemporáneo (la aguja que marca la medianoche, la última llamada telefónica, el giro en el último segundo). Porque existe un umbral concreto ── «la última» ── la tensión no se acumula de manera continua sino por escalones.

Sigue la oposición «fuego / oscuridad». La llama simboliza la razón, la sociabilidad, el mundo presente. Su disminución una a una es la encarnación material de una reducción del mundo racional. La oscuridad completa es el instante en que otro mundo ── *yōmei*, mundo de los muertos ── se superpone físicamente.

La frontera entre narrador y oyente también se desvanece. La regla «un relato por persona» impone al oyente convertirse, en el turno siguiente, en narrador. Esta fluidez continua de los roles produce una experiencia próxima al trance colectivo. Por eso el *hyakumonogatari* ha durado trescientos cincuenta años no como «lo que se contempla» sino como «aquello a lo que se participa».

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La estirpe de Shōwa a hoy (1945–2026)

Tras la guerra, el *hyakumonogatari* se divide en dos direcciones: *kaidan* literario por un lado, *kaidan* en primera persona por el otro.

El *kaidan* literario prolonga a Okamoto Kidō con *Seiadō kidan* (1926) y a Lafcadio Hearn con *Kwaidan* (1904); los escritores de Shōwa (Uchida Hyakken, Edogawa Ranpo, Abe Kōbō) lo convierten en obra individual.

Por el lado del *kaidan* en primera persona, la serie *Shin Mimibukuro* inaugurada en los años noventa fija la fórmula actual de la distancia entre narrador y relato. La distancia en tercera persona («le ocurrió a la conocida de mi conocida»), el tono breve y directo ── es una versión contemporánea del «un relato por persona, relatos cortos encadenados» de Edo.

En televisión, programas como *Kaidan Grand Prix de Inagawa Junji* han hecho de Inagawa Junji «el Enchō de Heisei». Sus espectáculos, dados no en un *yose* sino en salas, prolongan en un formato moderno la forma «un narrador para muchos» que fijó Enchō.

Desde 2010, los canales de lectura en YouTube y los podcasts, las transmisiones en directo de *hyakumonogatari* en Niconico, los bares *kaidan* ── las formas cambian, pero el principio del «reunirse para contar por turnos» se mantiene. Forma cardinal del *kaidan* japonés ininterrumpida desde hace trescientos cincuenta años.

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Para quien quiera vivir un hyakumonogatari

Varias vías para intentar la experiencia hoy.

Organizar en casa o en grupo reducido ── reunir entre cinco y diez personas y aplicar la regla «un relato por participante». Cien velas reales no es realista; suele empezarse con diez, esto es, un «*jūmonogatari*». Duración: unas dos o tres horas. Basta con una habitación oscura y un círculo.

Escuchar un canal de lectura ── incluso a solas, se acerca uno a la experiencia oyendo toda la noche relatos en YouTube o podcasts. Canales como «*Kaidan mimibukuro*», «*Kaidan radio*» o «*Hyakumonogatari rōdoku*» se han consolidado.

Asistir a un espectáculo en vivo ── las *Kaidan Night* de Inagawa Junji, los bares *kaidan* en provincias, los eventos de librerías especializadas. Es la ocasión de experimentar colectivamente el «*hyakumonogatari* como puesta en escena».

Leer ── para iniciarse, tres títulos atraviesan las tres líneas (literaria, clásica, en primera persona): Lafcadio Hearn, *Kwaidan* (1904); Ueda Akinari, *Ugetsu monogatari*; Kihara Hirokatsu y Nakayama Ichirō, *Shin Mimibukuro*.

Importante: es raro que un grupo lleve el *hyakumonogatari* hasta el final. El cansancio, el miedo que se vuelve demasiado concreto, hacen que el rito se interrumpa ── y esa interrupción forma parte de la tradición. Los textos antiguos de Edo abundan en relatos de participantes que se marchan antes de terminar.

FAQ・Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes

Las preguntas que surgen leyendo este artículo, abordadas una a una con las fuentes de primera mano correspondientes.

¿Qué es un hyakumonogatari? ¿Se creía de verdad que aparecería una presencia cuando se apagara la última vela?
Es una velada en la que se cuentan relatos extraños uno tras otro y se apaga, a cada historia terminada, una de las cien velas encendidas al inicio. Cuando todas se han apagado y la sala se hunde en oscuridad, se manifiesta una aparición real ── eso se creía. Más que la verdad de la aparición, lo que cuenta es la ritualidad compartida del «momento en que se apaga la última», su función de clímax dramático para el grupo.
¿Cuál es el origen del hyakumonogatari?
Dos fuentes. La prueba de coraje de los guerreros ── ejercicio marcial en el que se hacía contar a jóvenes samuráis relatos espeluznantes para medir su firmeza. Por otra parte, la adaptación al Japón de las colecciones chinas *Jiandeng xinhua* y *Jiandeng yuhua* a través de Asai Ryōi y *Otogibōko* (1666), que funda la forma literaria.
¿Se creía realmente en el rito o era solo una puesta en escena literaria?
Ambas cosas. Los textos del Edo temprano conservan varios relatos de interrupciones motivadas por miedo sincero. Paralelamente nacieron obras literarias puras como Ueda Akinari, *Ugetsu monogatari* ── creencia y diversión conviven. El propio hecho de que «sea raro que un grupo lleve el rito al final» atestigua esa ambivalencia.
¿Se practica todavía hoy el hyakumonogatari?
Bajo otras formas, sí. Veladas en cadena entre amigos (cinco a diez personas que aportan cada uno un relato), espectáculos en vivo como los de Inagawa Junji, canales nocturnos de lectura en YouTube y podcasts, transmisiones en directo de *hyakumonogatari* en Niconico, bares *kaidan* ── el principio del «reunirse para contar por turnos» no ha cambiado desde Edo.
¿Cómo empezar uno mismo?
Reunir entre cinco y diez personas; preparar una colección de relatos breves (*Shin Mimibukuro* o *Kwaidan*). Reducir las velas a diez para un «*jūmonogatari*». Un relato por persona en diez vueltas, apagando una vela al final de cada uno. Duración: dos o tres horas. Llegar al final es difícil; la interrupción a mitad de camino es precisamente la forma tradicional.