Las Tres Grandes Onryō de Japón
Al escuchar “onryō” quizá a algunos se les erice la piel. Desde antiguo en la historia japonesa existe la idea de que las almas que mueren con ira o rencor traen calamidades al mundo. Entre ellas, tres figuras se hicieron especialmente famosas como las “Tres Grandes Onryō”: Sugawara no Michizane, Taira no Masakado y el emperador Sutoku (Sutoku-in).
Los tres comparten haber muerto de forma trágica en luchas políticas y, después, ser temidos como onryō. A la vez, con el tiempo fueron venerados como deidades, transformándose en objetos de profunda devoción popular.
En la era Edo, sus relatos se difundieron aún más a través de lecturas populares y kabuki. No solo como historias de terror, sino también como expresión de la idea de “apaciguar a las almas airadas mediante el culto”, tradición que perdura hasta hoy.
Por ejemplo, “Tenjin”, asociado a la erudición, es Sugawara no Michizane: antaño temido como un onryō que provocaba truenos y desastres, hoy es aliado de los estudiantes. Taira no Masakado es venerado como protector de Edo, con su tumba en pleno centro de Tokio, y al emperador Sutoku a veces se le llama “el onryō más poderoso de la historia japonesa”.
Así, temidos y a la vez respetados y amados: esa es la enigmática fascinación de las Tres Grandes Onryō de Japón.