Ipetam
i-pe-tam
Conforme a la tradición • Imagen de la espada maldita
Esta versión sistematiza la imagen del Ipetam tal como aparece en diversas tradiciones ainu. La espada vibra y resuena por cuenta propia y manifiesta su hambre con el acto descrito como “comer” piedra o cuero. Se dice que, una vez desenvainada, no se calma hasta ver sangre, o que incluso vuela por sí sola para cortar a las personas. Su maldición amenaza casas y kotan, y provoca desastres más allá de la voluntad del dueño, por lo que se la controla mediante rituales y tabúes, o se la sella hundiéndola en cursos de agua. En Asahikawa y Kamikawa, el relato concluye con el arrojamiento a una ciénaga sin fondo, tras lo cual aparece una roca con forma de espada, vinculando el reposo del alma con el origen de topónimos y paisajes. En Saru coexiste una anécdota ingeniosa donde se imitan sus sonidos para ahuyentar bandidos, mostrando que su nombre temible funcionó como disuasión. La historia de apodo en Kutsuura Katenoi graba en el nombre de la espada la memoria de la transgresión del tabú y del daño causado, fijándola como objeto calamitoso. Tipos afines incluyen la lanza comehombres Ipeop y el cuchillo de defensa Sousamushipe, lo que sugiere una visión sistemática sobre armas funestas. Se reconstruye aquí la imagen de la espada maldita sin adornos ficticios y fiel a los registros locales.