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Hieizan Jogyodoひえいざんじょうぎょうどう

2 yokai arraigados en Hieizan Jogyodo. Explora las leyendas de esta tierra.

  • Myōtaraten

    Myōtaraten

    Épico

    myo-ta-ra-TEN

    Myōtaraten (Deidad guardiana local)

    神霊・神格Provincias de Echigo (Niigata) y Dewa (Yamagata), Japón

    Edición que compila las imágenes de Myōtaraten arraigadas en la fe local de Yahiko en Echigo y Okitama en Dewa. Su linaje incluye relatos de transformación de anciana, ogresa o gato monstruoso, cuyos ímpetus cesan al ser invitada al santuario, pasando a ser diosa tutelar que atrae la lluvia y protege a niños y gente de bien. Aunque porta un nombre de deidad budista, en esencia es una potencia femenina de monte y frontera, venerada en torno al monte Yahiko y el santuario de Ippon-Yanagi. Se dice que cada año, al regresar a Sado, truena el cielo, enlazando tormentas con la cosecha. Su nombre y figura varían entre anciana, doncella celeste u ogresa, pero culminan en protección misericordiosa.

  • Aburabō

    Aburabō

    Poco común

    a-bu-ra-BOO

    Yubō (Tipo Tradicional)

    人妖・半人半妖Provincias de Ōmi y Yamashiro, entre otras (actual Shiga y Kioto)

    El núcleo de Yubō radica en que la falta de quienes se apropiaron del aceite destinado a las lámparas de templos y santuarios se manifiesta como un fuego espiritual. Registros de la era moderna temprana y tradiciones locales lo sitúan en las faldas del monte Hiei y alrededor de templos en diversas zonas de Ōmi, apareciendo del atardecer a medianoche, sobre todo entre finales de primavera e inicios de verano. Toma forma de pequeñas esferas de fuego anaranjadas o amarillas, o de la silueta de un monje que abraza una vasija de aceite, siguiendo trayectorias fijas que cruzan portales, pabellones y diques antes de desvanecerse. No se conoce su voz, aunque relatos locales mencionan murmullos indistintos. Su nombre varía por región —“Yubō”, “ladrón de aceite”, “devolución del aceite”—, todos con tono didáctico que señala el tabú del aceite y la necesidad de ofrendas. Las figuras implicadas y los templos concretos difieren según las fuentes, pero se entiende que el control estricto del aceite en la sociedad templaria favoreció el surgimiento del relato. Los métodos de apaciguamiento incluyen recitación de sutras, enterramientos rituales y reofrenda de lámparas, aunque no hay fórmula fija.