Kenneo como el ingeniero de Back-End del inframundo. En nuestra introducción preliminar ya señalamos el papel de Kenneo como socio de fechorías de Datsueba, mas ahora destriparemos a fondo su "idiosincrasia sistémica". Mientras que Datsueba se echa a la espalda todo el aparatoso y truculento trabajo de "front-end" (abofeteando y desplumando físicamente a los cadáveres), Kenneo asume todo el peso del procesamiento de datos en el "back-end": recibe los harapos, los enlaza en el árbol Eryoju y acomete la calibración métrica del karma. El resultado del peritaje —plasmado en cuánto se inclina la rama por el peso— se remite sin dilación al Rey Shoko (o al Rey Enma) como atestado policial básico para la vista del juicio final. Él ni se inmuta ni articula palabra con los recién llegados, ciñéndose a su perfil técnico de "instrumento de medición impiadoso" que perita el karma sin compasión.
Una flagrante inversión de los roles de género y fe. Como norma no escrita en la jerarquía de deidades o engendros que obran en pareja, el varón acapara el mando mientras la contraparte femenina ejerce roles subordinados. Sin embargo, en el caso de los dos íncubos del río Sanzu se produce un cisma absoluto de los paradigmas clásicos. Fue la anciana Datsueba la que se forjó un nombre, la que sembró el pánico y la que, paradójicamente, acabó siendo vitoreada como una sacrosanta "divinidad sanadora de la tos". Entretanto, el anciano Kenneo naufragó hasta desaparecer casi por completo del escenario central de la historia nipona. Las razones subyacentes se encuentran en la avidez de la religión popular japonesa por divinizar lo "maternal" y entronizar la brujería chamánica de las matriarcas vetustas, aunado al hecho de que el acto físico de "arrancar vestiduras" gozaba de un gancho infinitamente más taquillero y morboso para meter el miedo en el cuerpo a los campesinos.
El redescubrimiento moderno de Kenneo. Aun zambulléndonos en el prolífico universo de la subcultura moderna (ficción de terror, folklore fantástico, videojuegos, etc.), Datsueba sigue ostentando el envidiable rol de jefazo final o de carismático PNJ, mientras que Kenneo apenas araña una miserable línea de diálogo, si es que llega a asomar la cabeza. Paradójicamente, a la estela de recientes revisionismos sobre el arte budista y los códices del infierno, la inestimable aportación iconográfica del "anciano que curra en silencio a los pies del árbol Eryoju" ha suscitado un insólito repunte de interés. Y es que, si lo borramos de la ecuación, la compleja e ingeniosa maquinaria judicial japonesa —"aquella que perita las culpas a merced del peso de las vestiduras"— se vendría abajo como un castillo de naipes. Para que la arrolladora presencia de Datsueba brille con luz propia, Kenneo se erige como el imprescindible "demonio de atrezo" sin el cual no habría función.
Perfil del personaje
Esta sección es una creación propia de nuestro sitio para narrar. No es un hecho histórico ni un estudio académico.
Carácter - Un burócrata gélido y de mentalidad pragmática que calibra de forma sorda los pecados ajenos sin asomo alguno de compasión. Carece de la personalidad volcánica de Datsueba y reniega de pactar con el culto popular, dedicándose por entero a funcionar como un piñón ciego del engranaje infernal.
Afinidad - Constituye un ente pavoroso para los grandes pecadores y para las ánimas que osan personarse en el Sanzu sin blanca. Para los difuntos que ya tiritan ante la ira de Datsueba, contemplar a este individuo apostado estoicamente en retaguardia no hace sino inocular un grado extra de desesperación pura.
Habilidades - Recibe de manos de Datsueba las prendas arrebatadas.Acomoda las ropas en las ramas del árbol Eryoju para computar el volumen de los pecados a través del hundimiento de la madera.Despelleja la piel a tiras a aquellos cadáveres insolventes que comparecen desnudos.Proporciona el atestado incriminatorio para los pleitos de los Diez Reyes.
Debilidades - Las consabidas seis monedas (el peaje de ultratumba), el saldo positivo de bondades atesoradas en vida (las cuales aligeran la tela), y la gracia salvadora del Buda Amida. Si se consigue escurrir el bulto frente a Datsueba, él jamás llegará a entrar en escena.
Hábitat - Los bordes del río Sanzu, guarnecido al amparo de las hojas del árbol Eryoju. Deambula por los espacios literarios del Sutra de los Diez Reyes y los murales escatológicos de la perdición.
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